La confianza de los consumidores en Estados Unidos mejoró a inicios de noviembre, aunque la gente seguía quejándose del costo de la vida y sospechaba que la inteligencia artificial era una burbuja a punto de explotar. El índice de la Universidad de Míchigan subió de 48.0 a 51.0, cuando los analistas esperaban que se quedara igual. La encuesta se realizó entre el 20 de octubre y el 2 de noviembre, y el repunte se notó sobre todo entre los independientes.
Los encuestados de ingresos bajos y medios se animaron un poco, pero los que tienen las carteras de acciones más grandes bajaron su confianza un cinco por ciento por la turbulencia en los mercados. Mientras tanto, el descontento por la inflación causada por los aranceles y la guerra entre Estados Unidos e Irán provocó que los republicanos de Donald Trump perdieran el control del Congreso ante los demócratas.
Las expectativas de inflación para el próximo año bajaron al 4.3 por ciento desde el 4.7 por ciento anterior, y las de los próximos cinco años pasaron del 3.5 al 3.4 por ciento. La gente parece un poco menos asustada por los precios futuros, aunque sigue mirando con recelo los titulares sobre la inteligencia artificial.
El resultado es que la confianza subió sin que nadie entienda muy bien por qué, como si alguien celebrara que le subieron el sueldo pero le siguen cobrando más en el supermercado. Los independientes fueron los que más celebraron el cambio, mientras los grandes inversores se quedaron mirando los gráficos con cara de funeral.
Al final, el índice subió tres puntos y las expectativas de inflación bajaron un poco, pero la preocupación por el costo de la vida y la posible burbuja tecnológica sigue ahí como una suegra que no se va ni aunque la inviten a cenar. Los consumidores parecen resignados a pagar más por todo mientras esperan que la inteligencia artificial no les quite el trabajo antes de que terminen de pagar la hipoteca.



