La bolsa colombiana seguirá de fiesta en 2027, pero con menos trago y más pasabocas

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La Bolsa de Valores de Colombia, esa montaña rusa para adultos con corbata, parece que seguirá subiendo en 2027, pero con el mismo entusiasmo que se tiene para ir a trabajar un lunes. Después de años de ganancias espectaculares, los expertos de Davivienda Corredores anuncian que la fiesta continúa, aunque ahora el ponche tiene más jugo que alcohol. El índice COLCAP podría alcanzar los 2.890 puntos, lo que se traduce en una valorización del 13%. Suena bien, hasta que recuerdas que vienes de subidones del 25% y un alucinante 61% en años anteriores.

En resumen, la época de gritar «¡soy el rey del mundo!» en la cubierta de un yate imaginario parece estar llegando a su fin. Para 2027 se espera un crecimiento más modesto, como pasar de ganar la lotería a encontrarse un billete en un pantalón viejo. Además de esa valorización del 13%, los analistas proyectan un retorno por dividendos del 6%, lo justo para pagar la factura del internet y seguir quejándose de la política en redes sociales. El volumen de negociación, que había pasado de unos miserables 100.000 millones de pesos a unos respetables 223.000 millones, ahora se enfrenta a la cruda realidad.

Para navegar estas aguas menos turbulentas, los genios de las finanzas nos han señalado a sus tres elegidos, como si fueran los concursantes finales de un programa de talentos. Las acciones preferidas son las de Grupo Sura, Corficolombiana y Grupo Energía Bogotá. Aparentemente, ya no basta con comprar barato y esperar un milagro; ahora las empresas tienen que hacer algo radical como aumentar sus utilidades y generar valor. ¡Qué idea tan revolucionaria en el mundo del capitalismo!

El gran catalizador para que todo esto no se desinfle como un suflé mal hecho es la «reactivación de la inversión privada», impulsada por un plan gubernamental con el humildísimo nombre de «Patria Milagro». Esta estrategia busca, entre otras cosas, eliminar el impuesto al patrimonio y reactivar la exploración de hidrocarburos, incluyendo la posibilidad del siempre popular y para nada controvertido fracking. La idea es que los empresarios se sientan tan motivados que empiecen a invertir hasta el dinero de la alcancía.

Pero como en toda historia con potencial de final feliz, siempre hay un villano que arruina la trama. En este caso, el malo de la película es el «elevado costo de capital», que es la forma elegante de decir que pedir plata prestada sale más caro que un divorcio. Las tasas de interés están altas, actuando como el portero de la discoteca que no te deja entrar porque llevas los zapatos equivocados.

Así que, mientras el mercado accionario colombiano se prepara para un 2027 más calmado, los inversionistas tendrán que hacer malabares entre el optimismo del «Patria Milagro» y la fría realidad de las tasas de interés. Es como planear unas vacaciones de lujo sabiendo que al volver tendrás que comer atún en lata durante seis meses. La fiesta sigue, pero parece que alguien ya avisó a los vecinos para que le bajen a la música.

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