El resultado electoral en Brasil provocó una ola de nerviosismo en los activos locales, con el riesgo país clavado por encima de los setecientos puntos. Los inversores locales empezaron a mirar con recelo todo lo que dependa del peso, como quien revisa dos veces la billetera antes de salir de casa. Las recomendaciones inmediatas apuntaron a achicar la exposición a instrumentos atados a la estabilidad cambiaria y a priorizar los de duración más corta.
Criteria advirtió que el escenario llegó en el peor momento posible para los bonos argentinos, que ya venían flojos y se parecían más a créditos de alto riesgo que a los papeles de los vecinos grandes de la región. Emilio Botto, de Mills Capital, señaló que la reelección brasileña puede contagiar de forma breve por los lazos comerciales y los flujos que comparten los mercados emergentes. El susto se agravó porque muchos apostaban fuerte a que ganaría Bolsonaro y el resultado fue exactamente el contrario, lo que obligó a desarmar posiciones de golpe.
Banco Hipotecario prefirió seguir con los bonos que ajustan por inflación, sobre todo el TZXM7, porque la inflación esperada hasta marzo de dos mil veintisiete bajó a un promedio mensual del uno coma ochenta y cinco por ciento. Criteria coincidió en recomendar el tramo corto de las curvas, entre octubre de dos mil veintiséis y marzo de dos mil veintisiete, destacando el S29E7 a tasa fija y el TMF27 atado a la TAMAR. Para los más arriesgados sugirió rotar posiciones hacia duales CER-TAMAR como el TXMJ9 y el TXMD9.
En las carteras dolarizadas, Criteria mantuvo su gusto por el AL30 y lo complementó con obligaciones negociables de empresas sólidas como TGS, Vista, Pluspetrol, YPF y Pampa. Banco Hipotecario insistió en quedarse con la parte corta de la curva en dólares, priorizando los AO28, AO29 y AN29. Quienes busquen algo más de duración siguen inclinándose por los Bonares antes que por los Globales.
Al final, el consejo que más se repite es no quedarse dormido con papeles largos mientras el viento brasileño sigue soplando. Quien ignore el llamado al tramo corto puede terminar como el que guarda el paraguas el día que llueve.




