La farmacéutica británica reportó un beneficio por acción de 2,79 dólares en el tercer trimestre, superando los 2,62 que esperaban los analistas. El impulso llegó sobre todo de sus fármacos oncológicos, que vendieron más de lo previsto y lograron un crecimiento del 17 por ciento. Imfinzi y Tagrisso fueron los grandes responsables de esta fiesta de números.
La empresa anunció un plan de recortes que incluye un desembolso único de 2.000 millones de dólares para ahorrar 1.500 millones al año antes de impuestos. Ese dinero se reinvertirá en nuevos medicamentos, como si alguien guardara monedas bajo el colchón para comprar más pastillas que aún no existen. Pascal Soriot, el director ejecutivo, insiste en combinar tratamientos oncológicos para seguir creciendo después de 2030.
Tagrisso, el producto estrella, facturó 2.090 millones de dólares, por encima de los 2.010 millones proyectados. Una combinación de Imfinzi con un medicamento de Amgen extendió la supervivencia de pacientes con cáncer de pulmón de células pequeñas en ocho meses. Otra mezcla con Tagrisso retrasó la progresión de otra variante de la misma enfermedad.
A pesar de estos resultados, las acciones de AstraZeneca han bajado un 5,4 por ciento desde enero. Los inversores siguen nerviosos por varios tropiezos en ensayos clínicos, incluido el fracaso del fármaco cardiovascular Wainua. Las ventas de Brilinta y otros productos del corazón también retrocedieron.
La compañía mantiene sus pronósticos anuales intactos, como quien promete que el próximo año tampoco lloverá dentro de casa. El ahorro de costos servirá para financiar la próxima generación de tratamientos, siempre que los pacientes y los números sigan cooperando.




