Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, desapareció durante dos días tras la derrota electoral y apareció en Miami después de pasar por Argentina y Ecuador. Su padre cumple arresto domiciliario por intentar un golpe de Estado en 2022. Ahora el senador enfrenta varias investigaciones que incluyen blanqueo de capitales y vínculos con un banquero caído en desgracia.
La investigación más sonada gira alrededor de 134 millones de reales solicitados para financiar una película biográfica sobre Jair Bolsonaro que aún no se ha estrenado. El dinero provenía de Daniel Vorcaro, dueño del quebrado Banco Master, y parte de los pagos, más de 10 millones de dólares, pasaron por un fondo estadounidense. Flávio reconoció haber pedido el dinero pero negó haber ofrecido nada a cambio, como si pidiera un préstamo para un rodaje que nadie ha visto.
Otra pesquisa involucra a su amigo Willer Tomaz y plataformas de apuestas en línea, aunque ambos niegan cualquier irregularidad y aseguran que nunca manejaron dinero del otro. La policía brasileña ya confiscó los pasaportes del senador. Mientras tanto, un nuevo juez ordenó revisar si hubo apoyo extranjero en la campaña, incluyendo contactos con una red estadounidense vinculada al vicepresidente JD Vance.
Los Bolsonaro acusan al Tribunal Supremo de tener un sesgo político en su contra, especialmente después de condenar a Jair. Curiosamente, uno de los jueces que lleva el caso de la película fue nombrado por el propio expresidente. Las investigaciones avanzan por caminos separados, pero todas apuntan a un mismo clan que ahora busca refugio en Florida.
Los investigadores analizan transferencias de 12,3 millones de dólares realizadas a través del fondo Havengate Development Fund entre enero y septiembre. Un testigo colaborador declaró que entendió que el dinero era una inversión y no solo para una película. La policía pidió 90 días más para terminar el caso mientras Flávio y su familia esperan visas en Estados Unidos.
Al final, el senador se suma a su hermano Eduardo, quien ya vive en ese país tras ser condenado por presionar a Estados Unidos contra Brasil. La familia insiste en que todo es persecución judicial, pero los números y los viajes en jet privado siguen generando preguntas más incómodas que una película sin estreno.




