El oro, ese metal brillante que antes era el rey del mambo, anda de capa caída y con el ánimo por los suelos. Resulta que el petróleo se levantó con el pie izquierdo, alcanzó su precio más alto en cinco meses y le arruinó la fiesta a todo el mundo. El pobre oro cayó un 0,6%, como cuando te das cuenta de que el aumento de sueldo no alcanza ni para el aguacate y tienes que volver a comer atún en lata.
La bronca empezó porque Irán amenazó con ponerle un candado al estrecho de Ormuz, y el crudo se disparó como cohete de feria en fiesta patronal. Desde que estalló el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el oro y el petróleo tienen una relación más tóxica que la de tu amigo con su ex. Si uno sube, el otro se tira por un barranco, porque el miedo a la inflación hace que los bancos centrales suban los costos del crédito como si no hubiera un mañana.
En medio de este drama de telenovela, la Reserva Federal de Estados Unidos está más perdida que un pulpo en un garaje. Los inversionistas, desesperados por una señal clara, solo ven cómo los bonos del Tesoro se vuelven más atractivos. Claro, los bonos te pagan intereses, mientras que el oro solo se queda ahí, brillando y acumulando polvo, como un trofeo caro que no sirve para nada más que para presumir en la sala.
Para colmo de males, un jefe de la Fed, Kevin Warsh, dio un discurso que básicamente no dijo nada, aumentando la confusión general. Los operadores ahora apuestan a que la probabilidad de una subida de tasas es menor al 20%, aunque hace un mes era de dos contra tres. Sin embargo, todavía ven un 90% de probabilidad de otra subida antes de fin de año, una lógica tan clara como las instrucciones de un mueble de tienda departamental.
Mientras tanto, el oro al contado se cotiza a unos insólitos 4.123,59 dólares, observando todo desde la barrera como el amigo que no quiere meterse en la pelea. La plata, su prima lejana, se mantiene estable en unos también curiosos 57,20 dólares, probablemente preguntándose a qué hora sirven los bocadillos. Por su parte, el platino y el paladio andan por ahí, sin hacer mucho ruido, como los invitados aburridos en una fiesta que se salió de control.
A pesar de la fortaleza del dólar y los altos rendimientos, el oro ha intentado valientemente mantenerse por encima de los 4.100 dólares este mes, como quien intenta mantener la dignidad en la cena de Navidad familiar. Pero con una caída de casi una quinta parte desde febrero, su futuro parece tan prometedor como una dieta que empieza el lunes después de las vacaciones. El mercado es un circo, y el oro ahora mismo es el payaso triste.



