El Merval estrena nuevas reglas del juego, pero la pelota sigue estando pinchada

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Atención, ludópatas de traje y corbata, la quiniela de la Bolsa argentina tiene un nuevo dueño. El Merval, ese termómetro que mide la fiebre de nuestras empresas más grandotas, le dio una patada en el traste a S&P para darle la bienvenida a MSCI. Ahora, este nuevo sheriff internacional será el que decida quién es lo suficientemente pintón para entrar al club y quién se queda afuera, llorando con los papeles en la mano.

Informe El Chapucero

Y como era de esperarse, el nuevo jefe llegó con un manual de convivencia más grueso que la guía telefónica de Capital. Para empezar, si una acción quiere ser parte del grupito de los populares, deberá haber estado presente en el 80% de las rondas bursátiles. Básicamente, le están pidiendo a las empresas una constancia de presentismo que ni el más fanático de los empleados públicos podría conseguir.

Además, está el asunto del «capital flotante», que no es otra cosa que la cantidad de acciones que andan sueltas por ahí para que los pequeños mortales podamos comprarlas. MSCI exige un mínimo del 15%, porque no quieren empresas que se guardan todo para ellos como si fuera el último alfajor del paquete. Y si una compañía nueva quiere entrar en la fiesta, tendrá que esperar a la revisión trimestral; nada de colarse por la puerta de atrás.

Pero en esta reorganización, no todos recibieron invitación a la fiesta de gala. Los CEDEARs, esos papelitos que nos permiten sentirnos dueños de un pedacito de empresas extranjeras, fueron dejados afuera como pariente pobre en Navidad. Es como organizar un asado y decirle a tu primo que puede venir, pero que deje a los nenes en casa porque van a romper todo.

Ahora, antes de que salgan a descorchar el vino espumoso y a comprar acciones como si no hubiera un mañana, hay que aclarar un pequeño detalle. Que MSCI ponga su nombre en la puerta no significa que Argentina se transforme en Suiza de la noche a la mañana ni que los dólares vayan a llover del cielo. Es como cambiarle las llantas al auto chocado: se ve un poco mejor, pero el motor sigue haciendo ruidos raros.

Así que, el Merval se vistió de gala con un nuevo administrador y reglas más estrictas para impresionar a los grandes inversores del mundo. Ahora solo queda esperar si este cambio de imagen logra algo más que confundir al ahorrista promedio, que ya bastante tiene con entender el resumen de la tarjeta de crédito. Mientras tanto, los de siempre seguirán jugando, ahora con un reglamento que, con suerte, al menos está escrito sin faltas de ortografía.

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