El gobierno de Javier Milei, en un giro tan predecible como el final de una telenovela, decidió que su revolucionaria idea para el empleo formal puede esperar un poquito más. A través de un decreto publicado con la solemnidad de quien anuncia el menú del día, postergaron la entrada en vigencia de los Fondos de Asistencia Laboral (FAL). Al parecer, la modernización del trabajo en Argentina es como esa dieta que siempre se empieza el lunes siguiente, pero este lunes ahora cae el 1° de diciembre.
La excusa oficial es que el sistema es un laberinto burocrático de proporciones épicas. Según el decreto, las entidades del mercado de capitales pidieron más tiempo, probablemente porque sus calculadoras echaron humo tratando de entender el plan. El gobierno justificó la decisión en la «complejidad operativa», que es la forma elegante de decir «no tenemos ni idea de cómo hacer para que esto funcione sin que explote todo». Además, necesitan que los fondos junten algo de plata antes de empezar a gastarla, un detalle que se les había pasado por alto.
Mientras en los despachos oficiales se pelean con manuales de instrucciones y planillas de cálculo, la realidad del empleo privado se parece cada vez más a una película de terror. Los datos oficiales revelaron que el empleo registrado cayó por decimocuarto mes consecutivo, acumulando una pérdida de 134.034 puestos laborales en el año. Es como si el gobierno estuviera discutiendo el color de las cortinas mientras la casa se incendia, pero con corbata y un discurso optimista.
Pero no todo es drama, porque esta prórroga tiene un lado positivo, al menos para las cuentas del Estado. Con la demora, los aportes de las empresas (1% las grandes y 2,5% las pymes) seguirán engordando las arcas del sistema previsional estatal en lugar de ir a cuentas privadas. ¡Qué afortunado accidente! Justo cuando se necesita mostrar superávit para cumplir con el FMI, el plan más complejo del universo sufre un retraso «inesperado».
Este conveniente tropiezo le da un respiro fiscal al gobierno, evitando un costo que los analistas calculan entre 0,37 y 0,46 puntos del PBI. Una cifra que, para la economía nacional, es más significativa que encontrar un billete en un pantalón viejo. Así, el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) sigue recibiendo un dinerillo que ya tenía destino de mudanza.
Al final, esta segunda postergación demuestra que las grandes reformas son como las promesas de Año Nuevo: suenan geniales el primer día, pero difíciles de mantener. Los argentinos esperarán hasta diciembre para ver si el milagro laboral finalmente ocurre. O si, para entonces, el gobierno anuncia que el sistema es tan avanzado que han decidido implementarlo directamente en el año 2026.



