El FMI avisa que prepararse para los guamazos de precios será el nuevo deporte nacional

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Saquen los apuntes, porque los genios del Fondo Monetario Internacional (FMI) acaban de descubrir el agua tibia: los sablazos en los precios de la comida y la energía no solo llegaron para quedarse, sino que piensan volverse más frecuentes. Como ese pariente incómodo que ya no pide permiso para llegar a la cena de Navidad, estas crisis se instalarán en nuestra economía, haciendo que la inflación se sienta como una resaca de tres días y amenazando la estabilidad con la misma seriedad que un castillo de naipes en medio de un huracán. En resumen, preparen las carteras, que se vienen curvas.

Informe El Chapucero

En un giro argumental que sorprendió a absolutamente nadie que haga sus propias compras, un estudio del FMI reveló que los hogares más pobres sufren la inflación con más ganas. Gracias a un nuevo modelo económico, se dieron cuenta de que la inflación real para los más vulnerables era 0.8 puntos porcentuales más alta de lo que se creía. Este pequeño «error de cálculo» significa que unos 23 millones de personas más cayeron en la pobreza extrema entre 2021 y 2024. ¡Vaya, qué perspicacia! Solo les tomó tres décadas de análisis para confirmar lo que tu abuela te decía cada vez que subía el precio del kilo de tortillas.

Estos golpes al bolsillo, provocados por pachangas geopolíticas como la invasión de Ucrania o los conflictos en Oriente Medio, dejan una huella más persistente que mancha de vino tinto en camisa blanca. Según los datos del FMI, las expectativas de inflación se quedan por las nubes hasta tres años después del inicio de la crisis. Esto se traduce en que, justo cuando crees que ya puedes volver a respirar, el banco central decide que es un gran momento para subir las tasas de interés y recordarte que la alegría, como el dinero, dura poco.

Frente a este panorama desolador, el FMI analizó las brillantes ideas que se les ocurren a los gobiernos para «ayudar». La menos peor, según ellos, son las transferencias directas a los más necesitados, algo así como darle un salvavidas al que se está ahogando. Otras medidas, como controlar los precios o bajar impuestos, cuestan entre tres y seis veces más. Pero el premio a la ineficiencia se lo llevan los subsidios a los productores, que pueden costar hasta 22 veces más. Esencialmente, es como si le pagaras la carne asada a tu vecino rico mientras tú cenas frijoles de lata.

Para rematar el cuadro, un experto de la Universidad de Georgetown advirtió que los países en desarrollo enfrentan una tormenta perfecta. La combinación del alza del petróleo, deudas hasta el cuello, costos de financiación por las nubes y los efectos del fenómeno «Súper El Niño» pintan un futuro más negro que conciencia de político. Así que ya sabe, mientras el crecimiento económico se toma unas vacaciones indefinidas, a nosotros nos toca aprender a hacer malabares con las facturas y a considerar el ayuno intermitente no como una moda, sino como una estrategia financiera.

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