En un giro argumental más predecible que el final de una telenovela, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de descubrir el agua tibia: los sistemas de impuestos complicados son un espanto para la economía. Después de lo que imaginamos fueron meses de sesudos análisis con café caro y galletitas, los genios del FMI advirtieron que si le pones mil trabas a la gente para producir, ¡sorpresa!, la gente no produce. Es como si se dieran cuenta de que ponerle piedras en los zapatos a un corredor no lo ayuda a ganar la maratón.
Los expertos del organismo, en un alarde de obviedad, plantearon que la solución no es exprimir más al contribuyente, sino dejar de cobrar impuestos como si fuera un laberinto sin salida. Entre sus ideas revolucionarias, que cualquier dueño de un puestito de tacos ya sabía, está permitir que las empresas recuperen el IVA de lo que compran. También sugieren facilitar que se descuenten los costos de inversión, básicamente pidiendo que el gobierno no se porte como ese amigo que te pide prestado y nunca te paga.
Agárrense, porque aquí vienen las matemáticas de los iluminados. Si los gobiernos hicieran caso y desenredaran este nudo fiscal, el Producto Interno Bruto (PIB) a largo plazo podría aumentar entre un 2.1% y un 2.7%. ¡Casi tres puntos! Simplemente por dejar de complicar las cosas. Es más, solo con arreglar el desastre del IVA, las economías emergentes podrían ver un aumento de hasta el 0.8% del PIB. Una millonada que actualmente se pierde en burocracia y papeleo inútil.
Pero la cosa no termina ahí. Estos hechiceros de las finanzas también se dieron cuenta de que si los impuestos al trabajo no fueran tan abusivos, más gente querría un empleo formal. Según sus cálculos, estas reformas podrían elevar las tasas de empleo en 1.2 puntos porcentuales. Esto se traduce en que más personas tendrían un sueldo decente, prestaciones y la capacidad de quejarse de su jefe con todas las de la ley, en lugar de estar en la informalidad.
Claro, el propio FMI admite que cambiar las cosas es un lío. Dicen que hay «obstáculos políticos» porque, obviamente, quienes se benefician del sistema actual (y que suelen ser los que tienen más poder) pondrán el grito en el cielo. Así que mientras los políticos debaten si aplican estas ideas tan novedosas, el resto de nosotros seguiremos navegando un sistema tributario diseñado por alguien a quien claramente le gustaba ver el mundo arder.



