En una reunión que sonó más a terapia de grupo para el hermano de en medio, un montón de países que no son ni superpotencias ni irrelevantes se juntaron a llorar sus penas. El tema central fue cómo sobrevivir en un mundo que se parece cada vez más a una fiesta de fin de año de la oficina: los dos jefes (Estados Unidos y China) se pelean a gritos, las rutas hacia la botana están bloqueadas y nadie sabe si al día siguiente tendrá trabajo.
Entre canapés y discursos de pánico disfrazado de estrategia, el ministro de la India, Subrahmanyam Jaishankar, soltó una idea revolucionaria: los países medianos deberían hablar más entre ellos para conseguir lo que quieren. Mientras tanto, funcionarios de Suiza y Canadá expusieron su plan maestro, que consiste en diversificar socios comerciales, lo que en el mundo real equivale a actualizar tu perfil en las aplicaciones de citas después de una ruptura tóxica. ¡A deslizar hacia la derecha para encontrar nuevos mercados!
Pero el que se llevó el premio a la sugerencia más maquiavélica fue el ex primer ministro británico, Rishi Sunak. Su consejo fue «volverse indispensables», básicamente, acaparar algo tan crucial que nadie pueda vivir sin ti. Piensa en ser el único que llevó un descorchador a la cena o el que tiene la contraseña del wifi. Según Sunak, la meta es convertirse en un «punto de estrangulamiento», una frase que suena menos a economía y más a manual de villano de película.
Del otro lado del espectro, la ministra de Canadá, Anita Anand, aseguró que su país jamás usaría sus ventajas como un arma, en un arrebato de amabilidad que solo un canadiense podría tener. Mientras tanto, su colega de la India, Piyush Goyal, recordó el trauma de la pandemia, cuando pidieron ayuda y los dejaron colgados como a novia de pueblo. Su conclusión: hay que volverse autosuficientes, porque fiarse de los demás es como esperar que tu compadre te devuelva el dinero que le prestaste.
Un ejecutivo del gigante logístico DP World resumió el desastre afirmando que antes invertías mil millones en tus cadenas de suministro y ahora tienes que meterle el doble, porque todo se ha vuelto un arma potencial. La economía global pasó de ser un mercado de libre comercio a un campo de batalla donde hasta un contenedor de aguacates puede ser usado en tu contra.
Al final, la única que pareció dar un consejo sensato fue la negociadora suiza, Helene Budliger Artieda. Ante el caos de guerras comerciales y alianzas rotas, su estrategia para la supervivencia nacional fue simple y directa: «Lo más importante es mantener la calma y comer chocolate suizo». Probablemente la idea más coherente que se escuchó en todo el día.



