El bitcoin intentó ponerse de pie después de que el jueves lo tiraran al suelo como a un borracho en una fiesta de inversores. La mayor criptomoneda rondaba los 76.000 dólares mientras intentaba olvidar que el día anterior había perdido un 6 por ciento desde los 80.000. Los operadores respiraron aliviados, aunque con la misma cara de quien revisa la cuenta bancaria después de una noche de copas.
El resto de monedas pequeñas también se animó un poco. BNB, ZCash e HYPE subieron entre un 1 y un 3 por ciento, como si quisieran demostrar que no todo el mundo estaba llorando en el suelo. Mientras tanto, el S&P 500 sufrió su mayor caída en más de un año porque los inversores temían que los demócratas pusieran freno a los centros de datos y que los fabricantes de chips se quedaran sin fiesta.
Un hackeo de 6.300 millones de dólares contra Binance el 29 de octubre todavía pesaba como una resaca eterna. Las empresas mineras que habían cambiado el pico por servidores de inteligencia artificial ahora veían cómo sus acciones también se desplomaban. El sector parecía un grupo de amigos que invirtió todo en un negocio de patinetas eléctricas justo cuando llegó la moda de caminar.
Los fondos cotizados en bolsa de bitcoin perdieron 430 millones de dólares en un solo día. Fidelity se llevó la peor parte con 200 millones y BlackRock le siguió con 105. Los analistas repetían que esto parecía más un descanso que una verdadera recuperación, como cuando alguien dice que solo va a tomar una cerveza y termina pidiendo otra ronda.
Los compradores defendían los niveles actuales mientras el mercado esperaba un catalizador que nunca llega. Sin embargo, si el bitcoin no supera los 77.000 dólares pronto, los 75.000 volverán a aparecer como una deuda olvidada que regresa en el momento menos oportuno.



