En una de esas noticias que parecen sacadas de un generador de países al azar, resulta que Colombia y Azerbaiyán andan de coqueteo para ver si se vuelven socios de negocios. La cosa va tan en serio que la empresa estatal azerbaiyana AzerGold ya tuvo una cita formal con la embajadora colombiana para hablar de cómo podrían empezar a cavar hoyos juntos. Es como cuando tu amigo el metalero te presenta a su nueva novia, que es fanática del vallenato; nadie entiende la conexión, pero ahí están, planeando un futuro.
Para demostrar que la relación va en serio y no es solo una aventura de una noche, ambos países firmaron un acuerdo para eliminar las visas. Básicamente, se dieron las llaves de sus apartamentos para que la visita sea más fluida y sin tanto papeleo burocrático. La idea es que empresarios y turistas puedan ir y venir como si fueran a la tienda de la esquina, fortaleciendo un romance que podría terminar en una lucrativa explotación de recursos.
Como en toda primera cita prometedora, Colombia no tardó en enseñar sus atributos. La embajadora sacó el mapa y señaló que el país tiene 31 áreas mineras estratégicas que son como un perfil de Tinder premium para cualquier inversor. De esas, 16 tienen un potencial jugoso para encontrar oro y cobre, lo que hizo que a los de AzerGold se les iluminaran los ojitos como a un niño en una dulcería.
Pero como diría cualquier adulto con experiencia, no hay que precipitarse. A pesar de los ojitos y las promesas, por ahora todo es puro bla, bla, bla. No se ha firmado ningún contrato, no hay inversiones confirmadas ni se ha puesto una sola pala en la tierra. Acordaron que el siguiente paso será organizar una reunión con «expertos», que es el equivalente diplomático a «te voy a presentar a mis amigos para que den el visto bueno».
Por su parte, el pretendiente azerbaiyano, a través de su presidente Zakir Ibrahimov, sacó pecho presumiendo la experiencia de su compañía estatal en exploración, extracción y todo lo que termine en «ción». AzerGold se presentó como el soltero codiciado con experiencia internacional, listo para sentar cabeza en un territorio prometedor. Al parecer, este cortejo lleva gestándose desde que establecieron relaciones en 1994, pero apenas ahora se animaron a hablar de mover tierra.
Lo más cómico es que, además del oro y el cobre, han hablado de cooperar en «desminado humanitario». Es una combinación perfecta: un país quiere hacer agujeros para sacar tesoros y ambos están interesados en quitar explosivos del suelo. Si eso no es una relación con un futuro brillante y potencialmente explosivo, entonces no sabemos qué es.




