Binance volvió a permitir retiros el domingo tras el mayor robo cibernético de la historia, que superó los seis mil millones de dólares. Los piratas, vinculados a Corea del Norte, se llevaron una mezcla de bitcoin, ether y stablecoins en un ataque que dejó a la plataforma más grande del sector con la cara de circunstancias. La reanudación comenzó de forma parcial, priorizando quince tokens y quince redes blockchain, mientras los usuarios observaban con la misma desconfianza que se reserva a un amigo que promete devolver el dinero prestado.
La empresa reportó salidas netas cercanas a los tres mil quinientos millones de dólares en las primeras horas. Aun así, aseguró haber recuperado entre el noventa y el noventa y cinco por ciento de lo sustraído usando su tesorería, fondos de emergencia y el famoso SAFU. El coCEO Yi He explicó que algunas transferencias se movían entre carteras internas, como quien pasa la cuenta de un bolsillo a otro para que nadie note el agujero.
El FBI y varias firmas de análisis señalaron directamente a TraderTraitor, el grupo norcoreano que ya había protagonizado el robo anterior a Bybit por mil quinientos millones. Binance prometió cubrir todas las pérdidas sin tocar el bolsillo de los clientes, una decisión que suena generosa hasta que uno recuerda que el dinero robado era de todos modos el de los propios usuarios. El bitcoin rondaba los setenta y ocho mil dólares, con una caída inferior al cinco por ciento, lo que demuestra que el mercado ya está acostumbrado a estos dramas como quien ve capítulos repetidos de una telenovela.
Algunos clientes redujeron su exposición en Binance, mientras otros optaron por no mover nada y esperar. Un asesor señaló que, ante catástrofes, lo mejor es quedarse quieto, como quien decide no correr cuando ve que el autobús ya pasó de largo. Los volúmenes de retiro, que al principio parecieron una estampida, volvieron a niveles considerados normales por la plataforma.
Al final, Binance sigue operando con activos de ciento treinta y dos mil millones de dólares y promete reforzar la seguridad como quien jura que esta vez sí va a hacer dieta. El episodio deja claro que, aunque los hackers norcoreanos sigan perfeccionando sus métodos, la industria ya trata estos robos como un gasto fijo más del negocio.




