Banquerosis anuncian que la medicina amarga seguirá, pero no se deciden cuándo dar la cucharada

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Como si fuera el dentista que te avisa con una sonrisa siniestra que “esto va a doler”, Alberto Musalem, presidente de la Reserva Federal de San Luis, adelantó que nuestros bolsillos se preparen para otro apretón. Según el mandamás financiero, la única forma de que la inflación deje de comportarse como un adolescente en fiesta y vuelva a su objetivo del 2.0% es con más subidas de tasas de interés. Básicamente, la economía está castigada hasta que aprenda a comportarse.

Informe El Chapucero

La receta del doctor Musalem es clara: un “mayor endurecimiento” que durará unos 18 meses, con los principales ajustes en los próximos seis a nueve meses. Lo más cómico del asunto es que Musalem este año ni siquiera tiene voto en el comité que decide estas cosas. Es como el amigo que opina apasionadamente sobre qué película ver, pero que al final no va a ir al cine con el grupo, dejando a los demás con la decisión y la cuenta.

Pero cuando le preguntaron si ya era hora de apretar las tuercas a finales de este mes, Musalem sacó el manual del político profesional y se fue por la tangente. Dijo que llega a cada reunión con la “mente muy abierta”, como quien no sabe si pedir tacos al pastor o de suadero, y que no prejuzga el resultado. Una forma elegante de decir “no me comprometo a nada, pregunten en la ventanilla de al lado”.

Para que no quedara duda de que todos están en el mismo barco con goteras, apareció Christopher Waller, otro mandamás de la Fed, a cantar una versión ligeramente diferente de la misma canción. Waller confirmó que probablemente se necesiten más aumentos de tasas, pero añadió que hay “flexibilidad”. Es como si tu jefe te dijera que tienes que trabajar el fin de semana, pero con la “flexibilidad” de elegir si prefieres el sábado o el domingo.

Y para que la fiesta del pesimismo fuera internacional, el Banco Central Europeo levantó la mano desde el otro lado del charco. Primož Dolenc, uno de sus miembros, advirtió que ellos también podrían verse obligados a seguir subiendo las tasas, que ya van en 2.5%. Al parecer, la inflación descontrolada es el nuevo éxito musical que está sonando en todas las radios del planeta, y a nadie le gusta.

En resumen, los genios de las finanzas globales coinciden en que la única solución es subir las tasas hasta que nuestros bolsillos pidan clemencia y la inflación se rinda por agotamiento. Aún no se ponen de acuerdo en el momento exacto del próximo golpe, pero el mensaje es claro: prepárense, porque la cuenta del descontrol económico la vamos a pagar todos, en cómodas pero dolorosas mensualidades con intereses.

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