Mary Daly, jefa del Banco de la Reserva Federal de San Francisco, soltó que harán falta más aumentos de tasas para domar la inflación, aunque aclaró que todavía es muy pronto para calcular el tamaño del martillazo. La banquera respaldó la decisión de la semana pasada de dejar las tasas sin cambios y también la subida de septiembre, la primera desde 2023. Todo suena a una familia que discute si sube el termostato o no mientras el frío sigue entrando por las rendijas.
Varios miembros de la Fed ya expresaron que apoyan nuevos incrementos, pero de forma gradual, como quien mete el pie en la piscina helada centímetro a centímetro. Dos funcionarios discreparon y querían subir las tasas ya, sin tanto rodeo. Daly insistió en que hay que vigilar todas las variables antes de decidir el próximo golpe, como un conductor que mira el espejo retrovisor, el velocímetro y el teléfono al mismo tiempo.
El panorama económico sigue lleno de incertidumbre y nadie quiere pisar el acelerador sin saber si el coche tiene frenos. Daly señaló que el organismo debe considerar todos los datos que llegan antes de apretar más la tuerca. El mensaje deja a los mercados en esa incómoda posición de esperar sin saber si la cuenta del banco va a sangrar más o menos.
El tono general entre los banqueros es de apoyo a nuevos endurecimientos, pero siempre con la advertencia de que nada está escrito en piedra. Nadie quiere repetir errores del pasado ni tampoco quedarse dormido mientras los precios siguen subiendo como la espuma en una cerveza mal servida. La decisión final dependerá de cómo se comporten los datos en las próximas semanas.
Al final, el público adulto que paga hipotecas y ve cómo se encarece todo se queda con la sensación de que la fiesta de las tasas bajas ya terminó, pero todavía no saben si el DJ va a subir el volumen hasta reventar los parlantes o solo va a poner una canción más suave. La Fed promete seguir vigilando, aunque el resultado final podría doler en el bolsillo de cualquiera que tenga deudas o ahorros.



