Ernesto Revilla, el economista de Citi para la región, asegura que la resiliencia de Estados Unidos, el dólar flojo y los precios altos de las materias primas forman un cóctel que no se veía en décadas. América Latina tiene la mesa servida para atraer capital, y México está sentado en el lugar más cercano a la cocina. Sin embargo, el banquete no llega solo por estar en la silla correcta.
La cercanía con el mercado estadounidense y las cadenas de suministro ya integradas dan ventaja al país, sobre todo ahora que crece la demanda de electrónicos para centros de datos. Aun así, la inversión pública choca contra el techo del déficit fiscal y la privada sigue esperando que se quite el candado de la incertidumbre regulatoria. Mientras tanto, faltan enchufes suficientes, agua y gente capacitada para que las fábricas nuevas no se queden a media operación.
El experto advierte que esta ventana abierta no se quedará así para siempre y que otros países también están haciendo fila. México ya tuvo varias oportunidades parecidas en los últimos diez años y los resultados han sido más bien a medias. Ahora se necesita pasar de las promesas a los contratos firmados si se quiere convertir la buena racha en crecimiento real.
Los obstáculos actuales parecen sacados de una comedia de enredos: trámites que duran más que una telenovela, infraestructura eléctrica que falla en los momentos clave y una confianza de los inversionistas locales que está más baja que el ánimo después de una junta de tres horas. Sin resolver estos enredos, el dinero que ronda la puerta puede terminar yéndose a otro lado.
Revilla insiste en que la oportunidad sigue vigente, pero solo se materializará si México deja de mirar el pastel y empieza a cortarlo. De lo contrario, la región seguirá viendo pasar el tren mientras el país se queda en la estación revisando el horario otra vez.



