La economía venezolana podría expandirse un 12,8 por ciento en 2027, casi el doble del 6,8 por ciento previsto para 2026. Sin embargo, ese repunte no significa que el país vuelva a los niveles de producción anteriores a la caída que empezó hace más de diez años. Según Summa Consulting, el producto interno bruto real en 2027 equivaldría apenas al 44 por ciento del tamaño que tenía en 2012.
Un terremoto reciente obligó a la consultora a bajar sus pronósticos. El crecimiento estimado para 2026 pasó de 8,5 a 6,8 por ciento, mientras que la inflación subió de 235 a 361 por ciento por culpa de la escasez y la emisión de dinero. Los daños se calculan entre 10 mil 500 y 12 mil 500 millones de dólares, y la reconstrucción costaría entre 12 mil y 15 mil millones.
El sector construcción sería uno de los más beneficiados, con aumentos del 15 por ciento en 2026 y 35 por ciento en 2027, después de haber perdido más del 81 por ciento de su tamaño desde 2014. Aun así, su recuperación depende de algo tan básico como tener electricidad y créditos a largo plazo. Mientras tanto, el crédito bancario representa solo el 3,2 por ciento del producto interno bruto, muy lejos del promedio regional cercano al 50 por ciento.
Las exportaciones petroleras subirían de 18 mil 200 millones de dólares en 2025 a 37 mil 500 millones en 2027, pero el ingreso promedio mensual sigue en 270 dólares frente a una canasta básica de 550. Más del 76 por ciento de la población vive en pobreza de ingresos, y el crecimiento del comercio apenas se nota en las ventas reales.
El país necesitaría inversiones millonarias para aumentar la producción de petróleo y reconstruirse, pero el financiamiento sigue siendo el gran ausente. La economía crece sobre una base tan pequeña que hasta los pronósticos más optimistas suenan a chiste cruel para quien intenta sobrevivir con lo justo.



