El gobierno de Claudia Sheinbaum acaba de publicar la Ley de Economía Digital para Pagos Digitales y Electrónicos, y de pronto parece que el billete de a veinte se quedó atrapado en el 2010 sin WiFi. La norma, que entró en vigor el 5 de noviembre, busca que transferencias, códigos QR y el SPEI reemplacen poco a poco el uso de monedas y billetes en sectores estratégicos, sin prohibir el efectivo de golpe ni convertir a México en un país sin centavos.
La Secretaría de Hacienda tendrá quince días hábiles para definir en qué actividades los pagos electrónicos podrán ser la única opción, y otras quince para emitir las reglas de la transición. Mientras tanto, la CURP Digital servirá como identificación para abrir cuentas y el Expediente Digital Ciudadano tendrá la misma validez que cualquier papel arrugado en la cartera. El decreto de veintidós artículos también contempla programas de inclusión financiera y conectividad, aunque el efectivo seguirá existiendo para quien prefiera guardar su dinero debajo del colchón.
Los críticos que imaginan filas interminables o ancianos rechazados en el mercado se están adelantando al melodrama. La ley no elimina los billetes de la noche a la mañana; solo abre la puerta para que, en sectores específicos, el plástico y el celular hagan el trabajo más rápido y rastreable. Al final, el efectivo se convierte en opción nostálgica, como el fax o el casete, mientras el país avanza hacia pagos que no se pierden en el fondo del bolsillo.



