El petróleo se derrumba como un político en campaña electoral

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El barril de crudo bajó más de un nueve por ciento en un solo día después de que los republicanos perdieran las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos. Los mercados celebraron como si les hubieran tocado la lotería y ya se imaginaban el fin de la guerra contra Irán, aunque nadie sabe muy bien quién empezó esa película.

El precio llegó a rozar los ciento cinco dólares durante la madrugada y luego cayó en picado hasta los noventa y cuatro, como si el barril hubiera bebido de más en una verbena de pueblo. El Brent cerró en noventa y tres con noventa, mientras el WTI se quedaba en ochenta y siete con cincuenta y ocho. Los inversores, siempre tan serios, apostaban a que el estrecho de Ormuz se abriría como un grifo nuevo y el petróleo volvería a fluir sin parar.

Chuck Schumer anunció que su partido pondría fin al conflicto, como quien promete acabar con las colas del supermercado un viernes por la tarde. Los especuladores se frotaron las manos pensando en los beneficios, pero el líder supremo iraní Mojtaba Khameneí les echó un jarro de agua fría: no confíen en los cambios de partido en Washington, porque la hostilidad sigue como los impuestos, que nunca desaparecen del todo.

Mientras tanto, los datos de reservas en Estados Unidos bajaron y los flujos de crudo también se redujeron. El barril encadena ya tres días de caídas seguidas, algo que en cualquier casa normal se llamaría una resaca monumental después de una noche de excesos.

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