En la CDMX, decidir si pagar un café con billetes arrugados o con una tarjeta plástica se ha convertido en una operación estratégica digna de una película de espías. Entre puestos de tamales y terminales que fallan en el peor momento, la elección puede arruinarte el día o convertirte en el héroe que divide la cuenta sin drama.
Llevar efectivo resulta útil cuando el puesto de tacos no tiene terminal o cuando quieres limitar tus gastos a una cantidad exacta. Sin embargo, contar monedas frente a la vendedora mientras una fila de impacientes te observa genera una tensión digna de una comedia de enredos. Además, si el billete se pierde entre los asientos del metro, no hay app que te lo devuelva.
La tarjeta de débito brilla en restaurantes y tiendas que aceptan pagos electrónicos. El dinero sale directo de tu cuenta y puedes revisar cada movimiento desde el celular sin guardar tickets que terminan convertidos en papel de avión. Aun así, si el establecimiento no la acepta, te quedas viendo al mesero como si esperaras que él resuelva el dilema tecnológico del siglo.
Las cuentas digitales como Débito LikeU Santander permiten abrir todo desde la app, obtener una tarjeta física y otra virtual sin costo, y recibir cashback en categorías seleccionadas. El trámite se hace en línea, sin filas ni papeleo, y facilita transferencias, pagos y retiros cuando el mercado solo quiere billetes.
Al final, la CDMX premia al que lleva ambas opciones y sabe cuándo usar cada una. Porque en una ciudad donde todo puede fallar menos tu ingenio, elegir el método correcto es la única victoria segura del día.




