Resulta que Gendarmería de Chile decidió regalarle al mundo entero los detalles de sus radios penitenciarias como si fueran recetas de empanadas de pino. La empresa china Hytera, esa misma que ya fue pillada robando secretos a Motorola en Estados Unidos, presentó el sistema completo en un concurso internacional sin pedir permiso a nadie, como quien sube fotos de la cédula de identidad a Instagram.
La diputada Ana María Gazmuri, del Partido Acción Humanista, mandó oficios a diestra y siniestra exigiendo que le expliquen por qué se filtró información que debía estar más guardada que los secretos de la suegra. Todo empezó cuando un reportaje de Contrapoder Chile reveló que Hytera andaba pavoneándose con la tecnología de las cárceles chilenas en los International Critical Communications Awards, categoría “mejor uso de comunicaciones críticas en seguridad pública”. O sea, presumieron de las rejas como si fueran un nuevo modelo de teléfono.
Lo más ridículo es que el contrato original prohibía divulgar cualquier detalle por temas de seguridad nacional, pero al parecer eso valía menos que un boleto de micro sin vuelto. Un ejecutivo de la empresa soltó datos técnicos en público y, cuando les preguntaron si tenían autorización, nadie respondió. Silencio total, como cuando te pillan comiendo el último trozo de torta en la refrigeradora.
Gazmuri ahora pregunta si Gendarmería autorizó este numerito y si el Ministerio de Seguridad Pública evaluó el riesgo de que cualquier delincuente con internet sepa cómo funcionan las comunicaciones de las cárceles. Porque, claro, nada dice “seguridad penitenciaria” como exponer tu sistema de radios ante el mundo entero por un trofeo de plástico.
Mientras tanto, Hytera sigue cargando con su historial de multas millonarias por robo de tecnología ajena, pero parece que eso no impidió que Gendarmería le entregara el proyecto. Al final, la única certeza es que alguien abrió la puerta de la jaula y dejó que el gato chino se paseara con los planos de la cerradura.




