Trump corre como loco por Iowa para que su partido no quede en ridículo

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Los republicanos salieron a la calle como quien intenta tapar un agujero en el barco con chicle de menta. Todo para evitar que los demócratas les quiten el control del Congreso y les pongan el cascabel al gato después de años de Trump haciendo lo que le da la gana sin que nadie le diga ni mu.

Trump apareció en Iowa y Kansas gritando como vendedor de colchones en liquidación. En estados donde normalmente su equipo ganaría hasta durmiendo la siesta, el presidente tuvo que salir a empujar porque las encuestas pintan un panorama más negro que el futuro de un político sin votos.

En Michigan la cosa se puso más rara que telenovela de las cuatro de la tarde. La legisladora demócrata Haley Stevens decidió apoyar al republicano Mike Rogers en vez de a su propio compañero Abdul El-Sayed solo porque no se pusieron de acuerdo sobre Israel. O sea, el equipo azul se pegó un tiro en el pie por una discusión que parece sacada de una cena familiar con demasiado vino.

En Alaska el juez le echó tierra a la idea de Trump de bloquear resultados si perdía el senador republicano Dan Sullivan. Resulta que hay dos candidatos con el mismo nombre y Trump temía que los votantes se confundieran como quien marca el número equivocado del delivery. La justicia dijo que no, que las papeletas no se anulan por culpa de un nombre repetido como si fuera un chiste malo.

Ahora la administración Trump anda enviando cartas a cinco estados advirtiendo de votantes que no son ciudadanos, como quien manda facturas de luz que nadie pidió. La duda que queda flotando es cómo reaccionará el presidente si su partido pierde: ¿reconocerá la derrota como un adulto o se pondrá a gritar que todo es un complot como el tío que pierde en el dominó y acusa a todos de hacer trampa?

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