El Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportó que la economía mexicana avanzó 0.9 por ciento en el tercer trimestre, hilando dos periodos positivos pero más lento que el 1.4 por ciento anterior. Las exportaciones saltaron 37.9 por ciento anual y las importaciones 33.1 por ciento, dejando un déficit de 606 millones de dólares. El impulso vino sobre todo de las manufacturas no automotrices y del equipo de cómputo, como si las computadoras decidieran salvar el día mientras el resto del país pedía fiado.
Al otro lado de la frontera, la economía de Estados Unidos creció 3.4 por ciento en el mismo trimestre, superando las previsiones y entregándole un regalo prematuro al presidente Donald Trump antes de las elecciones intermedias. El gasto de los consumidores, la inversión y el gasto público empujaron el número, aunque las exportaciones bajaron la fiesta. Al mismo tiempo la inflación midió 3.6 por ciento anual, con un repunte mensual de 0.5 por ciento que hace que la gasolina y los demás productos parezcan haber firmado un pacto secreto para subir más rápido que la resaca después de una peda.
La confianza de los consumidores estadounidenses subió a 91.7 puntos, aliviada por la baja temporal de la gasolina, aunque la gente sigue quejándose del costo de la vida como quien regaña al mesero por la cuenta. El Banco Central de Chile mantuvo su tasa en 4.5 por ciento y el Banco Central Europeo hizo lo propio, advirtiendo que el encarecimiento de la energía podría obligarlos a subir tipos en diciembre. La eurozona, por su parte, creció 0.4 por ciento, mejor de lo esperado, con Alemania y España avanzando poco y Francia contrayéndose como quien se arrepiente de haber pedido otra ronda.
El peso mexicano cerró octubre con una pérdida mensual de 4 por ciento y terminó en 18.80 unidades por dólar, encadenando dos meses de descalabros. En la Bolsa Mexicana de Valores el índice principal subió 8.67 por ciento en el mes pero cerró la última semana casi plano, mientras Wall Street terminó octubre con pérdidas fuertes en tecnología y ganancias mixtas en el acumulado. Los inversionistas ahora esperan la próxima decisión de Banxico con la misma ansiedad con que se espera el resultado de una prueba de paternidad.
En resumen, las cifras económicas parecen un chiste de mal gusto donde todos crecen un poco pero nadie llega a fin de mes sin sudar. El mensaje queda claro: la fiesta de los datos sigue, pero la cuenta la paga siempre el mismo.




