Flávio Bolsonaro escapa a Florida como quien huye de la suegra en plena navidad

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Flávio Bolsonaro decidió que Brasil se le había vuelto más incómodo que una reunión familiar con el tío borracho y se largó en jet privado hacia Florida, después de pasar por Argentina y Ecuador como si estuviera jugando al escondite continental. El excandidato conservador asegura que lo persiguen con más ganas que a un deudor de la pensión alimenticia y declaró desde Miami que vive bajo un régimen de excepción, algo que suena a excusa de adolescente que llega tarde a casa.

El senador contó que la policía le pidió los pasaportes justo cuando salía de visitar a su padre, Jair Bolsonaro, quien cumple arresto domiciliario por intentar un golpe de Estado que salió más mal que una parrilla sin carbón. Sin dar detalles de cómo cruzó las fronteras, Flávio afirmó que tomó la decisión con su esposa en secreto absoluto, como quien planea una infidelidad pero sin el componente romántico.

**Acusó al juez Alexandre de Moraes de inventarle cargos de lavado de dinero con la misma creatividad que un político inventa promesas de campaña.** Además declaró que no salió de Brasil, sino que salió por Brasil, frase que dejó a más de uno rascándose la cabeza como si hubiera escuchado un chiste de Eugenio Derbez sin remate.

El recorrido del senador puso en aprietos a Donald Trump y a Javier Milei, quienes ahora parecen dos adolescentes pillados fumando en el baño del colegio. La cancillería brasileña llamó a la encargada de negocios argentina para pedir explicaciones, pero el canciller argentino Pablo Quirno respondió con un tuit que decía simplemente que todo era falso, como quien niega haber comido el último pedazo de torta.

Mientras tanto, en Washington los demócratas exigen que Marco Rubio explique si hubo coordinación para facilitar la fuga, algo que suena más a película de espías mal hecha que a diplomacia seria. La derecha brasileña, por su parte, se desmarcó del excandidato con la misma rapidez con la que un equipo de fútbol se desmarca de un presidente que pierde las elecciones.

Flávio Bolsonaro sigue sin reconocer la derrota ante Lula, denuncia fraude electoral y se autoproclama líder de la oposición desde Estados Unidos, todo mientras su propio partido lo deja plantado como a un novio en el altar. Al final, el senador parece más un personaje de telenovela de las cuatro que un estadista perseguido.

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