En la mañanera de Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum Pardo rescató la figura de Cuauhtémoc Cárdenas tras su fallecimiento para recordar que el fraude electoral de 1988 sigue siendo el espejo donde se miran quienes hoy critican la Cuarta Transformación. Con tono sereno, la presidenta señaló que quienes hoy claman por democracia olvidan que en aquellos años ni siquiera se podía cuestionar al poder sin consecuencias.
El episodio de 1988, cuando Cárdenas enfrentó a Carlos Salinas de Gortari, sirvió para contrastar épocas. Sheinbaum subrayó que la libertad de expresión actual no existía en los ochenta ni en los noventa, cuando el PRI controlaba todo y la ruptura de algunos militantes contra el neoliberalismo se convirtió en mayoría en cuestión de meses. El triunfo que no se reconoció entonces sigue marcando posiciones que hoy persisten en el debate público.
Los nombres que la mandataria mencionó, como Goldenberg y Aguilar Camín, aparecieron como ejemplos de quienes abandonaron las movilizaciones posteriores y aseguraron que “no se demostró el fraude”. La presidenta los presentó como quienes prefirieron mirar hacia otro lado mientras el pueblo exigía cuentas. Lejos de victimizarse, Sheinbaum usó el recuerdo de Cárdenas para mostrar que el país avanzó hacia una democracia real, donde cuestionar al poder ya no es privilegio de unos cuantos.
Al final, el mensaje fue claro: el escándalo mediático sobre supuestas intolerancias actuales se desinfla cuando se compara con un pasado donde ni siquiera se permitía hablar. La historia, según la presidenta, sigue sirviendo para separar a quienes acompañaron el cambio de quienes prefirieron quedarse en la comodidad del viejo régimen.




