El presidente Rodrigo Paz, en plena zona rural de Tarija, soltó la frase del año: dentro de poco tendré un audio con ustedes. Lo dijo como quien pide que le pasen la sal, mientras pedía investigar quién filtra o quién fabrica esas grabaciones que ya suman una docena y suenan más a culebrón que a conspiración de Estado.
Los audios filtrados entre agosto y octubre muestran al exasesor argentino Fernando Cerimedo como si fuera el dueño del país. Habla con ministros sobre cómo armar una novela para que la gente acepte un estado de excepción, interrumpe servicios básicos para frenar bloqueos y hasta pide un millón de dólares para un operativo contra Evo Morales sin que el Ministerio del Interior se entere. El ministro Mauricio Zamora responde con la frase más presidencial del siglo: ya, no hay lío, yo ya tengo de donde.
La primera dama aparece decidiendo cambios en la policía y el ministro de Obras Públicas discute cargos en empresas estatales como si repartiera puestos en una quiniela familiar. Todo mientras Cerimedo, detenido por tentativa de feminicidio y enriquecimiento ilícito, sigue figurando como el cerebro detrás de todo.
El gobierno responde llamando a los audios chacota y ciencia ficción, y pide que no se hagan caso a grabaciones. El fiscal interino, mientras tanto, anunció una Dirección Nacional de Cibercrimen para investigar lo que ya todo el mundo escuchó. En Bolivia, parece que la mejor forma de gobernar es grabar todo y luego negar que existe.




