En el Zócalo de la Ciudad de México ya no basta con ofrendas tradicionales: ahora hay una Catrina de 33 metros con 41 centímetros que se llevó el récord Guinness el 29 de octubre. El monstruo de fibra de vidrio, acero y luces LED, inspirado en José Guadalupe Posada, domina la Ofrenda Monumental y obliga a levantar la vista como si se tratara de un rascacielos con sombrero.
El adjudicador oficial Alfredo Arista declaró que la pieza cumplió todos los requisitos y proclamó que la capital es “oficialmente asombrosa”. Detrás del logro está el Taller de Arte Xibalbá, un colectivo salido de la Faro de Oriente, que combinó arquitectos, ingenieros y escultores para que la figura no se viniera abajo. La secretaria de Cultura, Ana Francis López Bayghen Patiño, explicó que la altura exigía cálculos serios, por eso recurrieron a este grupo especializado en estructuras ambiciosas. El director Carlos Báez resumió el secreto: cincuenta por ciento arte y cincuenta por ciento ingeniería, porque sin la una la otra se queda en el suelo.
El vestido mide 27 metros, lleva bordados de Tenango que se iluminan y joyería de LED que parpadea por las noches. Abajo hay campos de cempasúchil, mosaicos luminosos y la exposición de ajolotes que completan el espectáculo. La escultura permanecerá hasta el 2 de noviembre, tiempo suficiente para que los paseantes midan su propia estatura contra la reina absoluta de las catrinas.




