En la CDMX hay rincones que no necesitan fecha especial para recordarte que la noche es un estilo de vida, no una temporada de descuentos. Si buscas sitios donde el café sabe a conjuro y la pizza parece salida de una película de terror, esta ciudad tiene opciones que convierten cualquier salida en una aventura digna de capa y colmillos.
Uno de los más fieles al espíritu de Poe es Corazón Delator, en la colonia Doctores. Entre cráneos, libros antiguos y una carta impresa en forma de ataúd, puedes leer mientras atacas bagels, sincronizadas o postres acompañados de cold brew. Sus talleres y proyecciones de cine de terror exigen reservación, porque hasta los muertos tienen agenda. Más adelante aparece Calacas, que de día ofrece chilaquiles y cochinita pibil bajo luz normal, pero de noche se transforma en taberna donde el rock y la cerveza artesanal sueltan los demonios internos sin necesidad de luna llena.
Para los amantes de lo gótico puro, hay un lugar con cortinas negras, candelabros y una figura de Nosferatu en la entrada que sirve hamburguesas con pan oscuro y pizzas en forma de cráneo. El menú invita a clavar tenedor en lugar de estacas, aunque el ambiente sigue pareciendo que Drácula olvidó pagar la luz. Otro restaurante más sutil, con toques brujeriles en la barra y platillos italianos, permite compartir chismes ancestrales sin que el lugar grite “temporada de Halloween”.
Estos espacios han logrado que los chilangos más oscuros tengan dónde refugiarse sin esperar octubre. Ya sea que busques desayuno después de una noche larga o una cena con vibra de aquelarre, la CDMX ofrece guaridas permanentes para quienes prefieren el negro como color de fondo.




