La petrolera brasileña Petrobras anunció con cara de quien ganó la lotería que encontró hidrocarburos por tercera vez en el pozo Morpho, un agujero que están haciendo a 175 kilómetros de la costa de Amapá, donde el mar tiene casi tres kilómetros de profundidad y los ambientalistas ya están sudando frío.
El descubrimiento se suma a los dos anteriores de agosto y octubre, y la empresa lo celebra como si hubiera sacado la lotería tres veces seguidas. La presidenta Magda Chambriard soltó que su “persistencia técnica” les dejó más optimistas que un hincha de fútbol después de tres goles en el mismo partido.
La cosa se pone absurda porque la zona se llama Margen Ecuatorial y está al lado de la desembocadura del Amazonas. Guyana y Surinam ya sacaron reservas gordas por allí, pero en Brasil todo el mundo discute si un derrame podría convertir la selva en un asado gigante. Mientras tanto, Petrobras planea meter 2500 millones de dólares entre 2026 y 2030 para seguir perforando como loco.
En los primeros nueve meses del año la empresa produjo 3,35 millones de barriles diarios, un 13,9 % más que el mismo periodo del año pasado. En el tercer trimestre hasta batieron récord propio con 3,512 millones de barriles al día. Lo atribuyen a mayor eficiencia operativa y a que las nuevas plataformas flotantes en Búzios y Mero están echando petróleo como si fuera agua de grifo.
Cuando terminen de sacar datos del pozo Morpho, la sonda se irá directo a la cuenca Potiguar, frente a Río Grande do Norte, para seguir buscando más oro negro. Porque, total, cuando hay dinero de por medio, la transición energética puede esperar mientras el pozo siga escupiendo.




