Nayib Bukele ha salido a aclarar que sus soldados no van a conquistar Haití ni a llevarse el ron de regalo. Según él, el plan es rescatar a cuatro técnicos secuestrados por pandillas y darles una clase de buena conducta a los criminales locales. Todo muy noble, como cuando tu suegra llega a tu casa “solo a ayudar” y termina reorganizando hasta el orden de los calcetines.
El mandatario salvadoreño ha insistido en que su país está pagando el noventa por ciento de la fiesta con sus propias arcas, que ya de por sí están más flacas que billetera de estudiante a final de mes. “Nadie nos paga por esto”, ha repetido, como quien presume de haber invitado a la ronda sabiendo que después le tocará lavar los vasos. El objetivo oficial es que los cuatro militares vuelvan a casa sanos y que las pandillas reciban una lección que no olviden, tipo “la próxima vez no secuestren a quien tiene respaldo de un presidente que habla por Twitter”.
Bukele ha recordado que El Salvador ya vivió su propio baño de sangre y ahora presume de ser el país más seguro del continente, algo así como presumir que tu barrio ya no es peligroso porque tú mismo pusiste las rejas más altas. Ha pedido confianza a los haitianos: “No venimos a dominar ni a quedarnos con nada, solo a pelear contra los malos y luego nos vamos”. Palabras que suenan tranquilizadoras hasta que recuerdas que tu primo también prometió “solo vengo a tomar una cerveza” y terminó durmiendo en el sofá tres semanas.
Mientras tanto, más de dos mil soldados salvadoreños ya patrullan por Plaine du Cul-de-Sac y los alrededores de Santo, con la misma discreción que un elefante en una cristalería. El gobierno haitiano, por su parte, ha dicho que colabora siempre que se respete la soberanía, que es como decir “puedes usar mi microondas, pero no te quedes con las tostadas”. Al final, Bukele asegura que tan pronto rescaten a los rehenes y las pandillas aprendan modales, todos volverán a El Salvador. O eso dice él. Porque en estas historias, el que promete que “solo es por un ratito” suele ser el que después pide que le alarguen el visado.




