Ucrania ha decidido que ya no basta con quejarse sola y por eso extendió una invitación diplomática a México, Costa Rica, Guatemala y Belice para que condenen los bombardeos rusos contra civiles como si fueran el cuñado que llega borracho a la posada. La embajada ucraniana en México soltó un comunicado donde asegura que la voz de la región es indispensable para defender la soberanía, aunque en la práctica suena como pedirle al compadre que ayude a gritarle al borracho del otro lado de la calle.
Los últimos ataques fueron dignos de una película de terror barata. En Dnipró un enjambre de drones cayó sobre una estación de trenes como si fueran zancudos enfadados después de una fumigada fallida, dejando catorce muertos y otros tantos heridos graves. En Chernihiv dos adolescentes de quince años murieron en pleno centro durante un bombardeo diurno, como si la guerra hubiera decidido tomarse un descanso para almorzar y aun así siguiera disparando. En Kremenchuk otro dron impactó un edificio de departamentos y mató a dos personas, entre ellas dos menores, mientras en Zaporiyia y la región de Kyiv los drones FPV persiguieron un minibús urbano como si jugaran a las escondidas con explosivos.
En el apartado económico Ucrania advierte que cualquier alivio de sanciones es como prestarle dinero al amigo que siempre promete pagar pero nunca lo hace. Por eso insiste en apretar más las tuercas al sector energético y militar ruso, mientras pide que no se olviden de mandar ayuda para proteger a la población civil, que ya está harta de vivir entre escombros y sirenas.
Al final la embajada recordó que los canales bilaterales y las reuniones de presidentes siguen siendo la única forma seria de recuperar la paz, aunque todos sabemos que en la práctica esto se parece más a una negociación de herencia familiar donde nadie quiere ceder el sillón reclinable.




