El precio de la mezcla mexicana de petróleo llegó a 103.8 dólares por barril el pasado 29 de octubre, según los datos que publica todos los días la página oficial de Pemex. La noticia llegó como un café cargado en plena resaca económica, justo cuando muchos esperaban que el crudo siguiera en modo siesta.
La petrolera estatal informó que la producción promedio anual de 2020 alcanzó un millón 705 mil barriles diarios, cuatro mil más que en 2019, rompiendo así una caída que duraba desde la época en que los celulares todavía tenían antena. El crudo se clasifica por grados API: Maya representa el 54 por ciento de la producción, Istmo el 33 y Olmeca el 12 restante. La Maya, la más exportada, funciona como la tortilla que todo lo acompaña, aunque rinda menos gasolina y más combustible doméstico.
El Istmo, más ligero, ofrece mejor rendimiento en destilados intermedios, mientras que el Olmeca, extra ligero, se destina a lubricantes y petroquímicos. Pemex exportó en 2020 un promedio de 140 mil barriles diarios de crudo ligero y aportó el 98.8 por ciento de la producción nacional, frente al 1.2 por ciento de las empresas privadas. Parte de ese repunte proviene de 146.5 mil barriles diarios adicionales que entraron de campos nuevos abiertos en el primer semestre de 2019.
La mezcla Maya sigue siendo la más competitiva para sustituir a las otras dos, demostrando que a veces lo pesado también puede ser útil. Pemex mantiene su posición como el jugador principal del mercado interno sin necesidad de pedir permiso a nadie.
Al final, los números hablan más que cualquier discurso: la producción subió, los campos nuevos aportaron y la empresa estatal sigue controlando casi todo el tablero. Quien espere que el precio del barril baje solo porque sí, mejor que revise otra vez los datos de octubre.




