La Comisión Federal de Electricidad anunció pérdidas de 23 mil millones de pesos en el tercer trimestre de 2026, todo por culpa de intereses, fluctuaciones cambiarias y costos que se dispararon como resaca después de una fiesta. Aunque los ingresos subieron un miserable uno por ciento, los gastos de ventas crecieron un 18 por ciento y borraron cualquier rastro de ganancia. La empresa estatal, que vende luz sobre todo a industrias, quedó como quien presume un aumento de sueldo pero descubre que el banco ya se lo embargó todo.
La utilidad de operación desapareció por completo bajo una montaña de gastos financieros que el año pasado todavía daban saldo positivo. Ahora la deuda total subió casi cuatro por ciento y ya supera los 501 mil millones de pesos. Es como si la CFE hubiera decidido que la mejor forma de ahorrar es endeudándose más mientras promete que todo saldrá bien.
El consejo de administración aprobó una estrategia para reducir la exposición cambiaria contratando créditos en pesos cuando el mercado lo permita. El objetivo es mantener la deuda en moneda extranjera cerca del 15 por ciento hasta 2026. Suena como un plan de dieta que consiste en seguir comiendo hamburguesas pero con servilletas más pequeñas.
Además, la empresa se comprometió a invertir más de 30 mil millones de dólares para modernizar redes y plantas de generación. El plan busca atender la llegada de empresas que huyen de Asia y se instalan en México, aunque las redes actuales parecen hechas de extensiones prestadas y cinta aislante.
Parte de ese dinero saldrá de proyectos mixtos con privados y de la emisión de Fibra E para reforzar las líneas eléctricas. Mientras tanto, los apagones siguen amenazando como suegra en la puerta cuando uno invita a la amante.
Al final, la CFE parece una familia que gasta en vacaciones de lujo mientras hipoteca la casa para pagar la luz. El resultado es que todos seguimos a oscuras, pero al menos con planes grandiosos que suenan muy bien en los reportes.




