El Paseo de la Reforma se convirtió en pista improvisada para celebrar las 300 carreras de Checo Pérez y la jefa de gobierno capitalina, Clara Brugada, llegó con un reconocimiento oficial en mano. Algunos asistentes respondieron con silbidos que más parecieron escapes defectuosos que protesta real, pero el acto siguió su curso sin que el festejo se detuviera.
Durante su intervención, Brugada destacó que el espacio público ahora pertenecía a las familias que querían ver a su piloto sin pagar entradas costosas. Entregó el reconocimiento por poner en alto el nombre de México en el automovilismo y anunció que ese día no habría multas por velocidad. El mensaje subrayó el valor de llevar el deporte a la calle, democratizando el acceso en lugar de dejarlo encerrado en autódromos exclusivos. Mientras tanto, Sergio Pérez confirmó la extensión de su contrato con Cadillac hasta 2029, un paso que consolida el proyecto del equipo estadounidense y reconoce la experiencia del mexicano en el desarrollo del chasis y las operaciones en pista. El director ejecutivo Dan Towriss resaltó que esa continuidad aporta liderazgo y resultados medibles para subir posiciones en la parrilla.
El evento, previo al Gran Premio de México, incluyó agradecimientos a Alejandro Soberón y Federico González Compeán por hacer posible la exhibición. Algunos silbidos aislados intentaron opacar la jornada, pero terminaron ahogados por el aplauso de miles que entendieron que el verdadero logro era ver a Checo correr en las calles sin barreras económicas.
Al final, la capital demostró que puede recibir a la Fórmula 1 con las puertas abiertas y que los números, las carreras y los contratos pesan más que cualquier ruido momentáneo.




