Slim y Checo salvan la Fórmula 1 mexicana sin que el presupuesto público se convierta en drama nacional

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Cuando el gobierno capitalino decidió retirar los recursos públicos del Gran Premio, muchos imaginaron un final apocalíptico digno de película de terror presupuestal. Sin embargo, la iniciativa privada entró al rescate con la misma precisión que Checo Pérez en una curva complicada, demostrando que México puede mantener eventos de talla mundial sin depender exclusivamente de arcas estatales.

La historia comenzó en 2015, cuando el país volvió a recibir la máxima categoría tras 23 años de ausencia gracias a un esfuerzo conjunto entre autoridades federales, locales y empresas como CIE. Para 2019, la decisión de Andrés Manuel López Obrador de eliminar aportaciones directas generó incertidumbre, pero un fideicomiso impulsado por empresarios, entre ellos grupos vinculados a Carlos Slim Domit, garantizó la continuidad sin alterar el esquema anterior. El apoyo a Sergio Pérez, iniciado desde sus categorías infantiles a través de Escudería Telmex, reforzó el vínculo entre el talento mexicano y el automovilismo de élite, llevando al piloto a equipos como Red Bull y ahora Cadillac.

La permanencia del evento no fue obra de un solo héroe, sino de una alianza sólida que combinó inversión privada, promoción turística y organización eficiente. Slim Domit destacó la perseverancia de Pérez, recordando que “cuando no te das por vencido se puede llegar muy lejos”, mientras la afición mexicana celebraba el Gran Premio 300 en casa.

En resumen, la Fórmula 1 mexicana demostró que con socios comprometidos y decisiones estratégicas, el espectáculo continúa sin necesidad de alarmas exageradas ni cuentos de terror fiscal.

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