Ricardo Anaya apareció en el Senado con cara de quien encontró el tesoro perdido de Morena, pero lo único que sacó fue un discurso viejo de campaña. La renuncia de Guadalupe Taddei al INE le sirvió de pretexto para repetir que “todo lo que toca Morena lo destruye”, como si estuviera vendiendo seguros contra catástrofes imaginarias.
El panista mencionó huachicol fiscal, gobernadores y hasta un amigo cercano para armar su lista de escándalos, pero olvidó que la propia Taddei llegó al cargo gracias a una reforma que su partido criticó sin lograr detener. Ahora que ella se va, Anaya exige disculpas públicas y culpa colectiva, como si el INE fuera un negocio familiar que se hereda por WhatsApp. Mientras tanto, las consejerías eligieron a Blanca Yasshara Cruz García como presidenta provisional, tal como marca la ley, sin que el organismo se detuviera ni un solo día.
La preparación del proceso electoral 2026-2027 sigue su curso normal, con plazos intactos y actividades sin interrupciones. La sucesión se resolverá entre la Cámara de Diputados y el procedimiento constitucional, que incluye convocatoria y posible insaculación si no hay mayoría calificada. Lejos de derrumbarse, el instituto mantiene su operación y la colegialidad que tanto añora Anaya parece haber sobrevivido al cambio de silla.
Al final, el único que quedó hablando de cochinero fue el mismo que llegó segundo en una elección presidencial y sigue buscando en cada renuncia la oportunidad de sonar relevante otra vez. El INE, por su parte, ya eligió nuevo timonel y sigue trabajando.




