Mercedes-Benz ha bajado sus previsiones de beneficios porque la crisis en China se ha puesto más fea que un resfriado en pleno verano. Antes esperaban un margen del cinco por ciento en coches de pasajeros, pero ahora solo entre dos y tres por ciento. Esto los pone al nivel de Volkswagen y BMW, que ya habían dado la voz de alarma sobre el mismo problema.
La empresa también avisó de que los costes subirán en el último trimestre del año por el encarecimiento de los materiales. Por eso las ganancias del grupo se quedarán prácticamente iguales al año anterior en vez de crecer como habían prometido antes. Las acciones de la compañía cayeron hasta un cinco coma cinco por ciento tras el anuncio.
Las ventas de Mercedes en China bajaron un treinta y uno por ciento en el tercer trimestre comparado con el año pasado. Esa caída prolonga una racha mala que empezó a principios de este año y afecta justo al segmento más caro de la marca. El plan de vender menos coches pero más caros se está complicando más de lo esperado.
El consejero delegado Ola Källenius ha respondido recortando gastos administrativos y de desarrollo. La empresa ofrece programas de salida voluntaria para reducir personal en Alemania sin llegar a despidos forzosos. Al mismo tiempo prepara una ofensiva de nuevos modelos eléctricos como el GLC y el CLA para intentar recuperar clientes.
La presión llega justo cuando la competencia de marcas locales chinas se vuelve más fuerte en precio y tecnología. Los compradores ricos ya no gastan tanto por la crisis inmobiliaria y los rivales les están comiendo terreno en la gama alta. Mercedes presentará sus resultados del tercer trimestre el veintiocho de octubre.




