Kevin Warsh se prepara para explicar por qué la Reserva Federal mantiene las tasas sin cambios esta semana, aunque ya avisó que las subirá en diciembre. La tarea parece sencilla hasta que uno recuerda que en julio los mercados aceptaron el estancamiento pero se enfurecieron porque nadie prometió un aumento inmediato. Ahora la inflación sigue subiendo por el petróleo caro y la demanda de energía de la inteligencia artificial, lo que complica cualquier mensaje tranquilizador.
Warsh ha repetido que no da orientaciones claras sobre el futuro de las tasas porque esas promesas suelen confundirse con contratos firmados. Prefiere que los inversores lean los datos por su cuenta, como quien consulta el horóscopo en lugar de preguntar directamente al astrólogo. El problema es que los mercados, ansiosos, interpretan hasta el silencio como una señal y luego se quejan cuando el silencio resulta ser solo silencio.
En septiembre la Fed subió las tasas y señaló que probablemente habría otra alza antes de fin de año. Desde entonces los precios del petróleo y los componentes electrónicos han seguido presionando al alza, empeorando el panorama que se suponía controlado. Los inversores descontaron una subida en octubre, hasta que otros banqueros centrales les recordaron que aún tenían tiempo y la probabilidad cayó en picado.
Warsh también debe lidiar con Donald Trump, que ya criticó la subida de septiembre y podría montar un espectáculo si hay otra antes de las elecciones. El banquero insistirá en que las decisiones no dependen del calendario político, aunque el calendario político parezca decidido a opinar de todas formas. Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos del Tesoro por encima del cinco por ciento encarecen hipotecas, coches y tarjetas de crédito sin que nadie lo haya pedido expresamente.
Si Warsh se muestra demasiado optimista sobre la inflación, los mercados podrían volver a agitarse. Si se muestra demasiado alarmista, podría precipitar la subida que dice querer posponer. Entre tanto, la Fed sigue intentando que la economía se mantenga estable mientras los precios de la energía y la tecnología parecen haber decidido lo contrario por su cuenta.




