La renuncia de Guadalupe Taddei a la presidencia del INE llegó justo cuando el calendario electoral empezaba a apretar, pero en vez de generar caos, el anuncio se sintió como un cambio de turno en una taquería que nunca cierra. La expresidenta se fue con serenidad, tres décadas de servicio y la certeza de que el instituto debe estar por encima de cualquier persona, mientras la Cámara de Diputados ya prepara el siguiente capítulo sin dramas innecesarios.
Ricardo Monreal, al frente de la Jucopo, recibió la carta y anunció que el proceso de selección arrancará de inmediato conforme a la Constitución, con un presidente provisional que mantendrá las operaciones al día. La Auditoría Superior de la Federación, tras la solicitud de Claudia Sheinbaum, revisa contrataciones de papelería y posibles conflictos de interés, pero el foco sigue en la estabilidad del organismo y en que las elecciones del Poder Judicial y las federales de 2024 ya quedaron atrás sin tropiezos mayores. Taddei destacó que la organización de comicios es responsabilidad del Estado y que la independencia del INE no se negocia, mientras Monreal recordó que no habrá sobresaltos ni crisis porque el órgano electoral sigue funcionando.
El procedimiento para elegir a la nueva presidencia tomará entre cuatro y cinco semanas, con comité técnico, convocatoria y votación de dos terceras partes o insaculación si hace falta. Todo suena a trámite rutinario, pero en México hasta los cambios de timón terminan pareciendo telenovela.
Al final, la democracia mexicana demuestra que puede perder una presidenta sin perder el paso, aunque algunos sigan buscando escándalos donde solo hay relevos institucionales.




