El dólar subió un 9,65 por ciento y superó los 5,459 reales brasileños después de que Lula obtuviera el 51,8 por ciento de los votos frente al 48,2 por ciento de Bolsonaro. Los mercados, que apostaban por una victoria del candidato de derecha, recibieron el resultado como un golpe en la cabeza con un martillo fiscal. El real se convirtió en la moneda más castigada del planeta mientras los inversionistas corrían a vender como quien huye de una suegra enfadada.
Los analistas de ING ya habían advertido que los mercados brasileños sufrirían un duro golpe por las dudas sobre la disciplina fiscal del nuevo gobierno. Con un déficit presupuestario entre el 7 y el 8 por ciento y una deuda pública que representa el 70 por ciento del producto interno bruto, el talón de Aquiles de Brasil quedó expuesto como una llaga en plena fiesta. El índice Ibovespa enfrentó pronósticos de caídas de dos dígitos y los rendimientos de los bonos del Tesoro estadounidense amenazaron con empeorar la resaca.
BBVA estimó que el dólar podría dirigirse hacia los 5,40 reales si las expectativas sobre la política económica de Lula siguen deteriorándose. El banco advirtió que la presión podría obligar al Banco Central a intervenir si la divisa supera los 5,60 reales. Las tasas de interés, por su parte, podrían volver a acercarse al 14 por ciento y quedarse allí más tiempo del deseado, como una visita que nunca se va.
Bolsonaro cuestionó los resultados electorales y pidió anularlos por la ampliación de horarios en algunos centros de votación. Esta incertidumbre política añadió más leña al fuego de la volatilidad cambiaria. Los inversionistas, que esperaban una consolidación fiscal con el candidato perdedor, ahora observan con recelo los próximos nombramientos del gabinete de Lula.
La atención del mercado se concentra ahora en cómo responderá el Banco Central y qué señales fiscales enviará el nuevo gobierno antes de asumir en enero. Lula, descrito como un político experimentado, podría nombrar un ministro de Hacienda que calme a los inversionistas, pero nadie sabe si esa jugada bastará para frenar la estampida del dólar. Por ahora, el real sigue sufriendo como quien pierde la lotería el mismo día que le toca pagar la hipoteca.




