Lula da Silva, el expresidente metalúrgico que empezó soldando piezas en São Paulo, derrotó a Flávio Bolsonaro con el 51,76 por ciento de los votos frente al 48,24 por ciento de su rival. La diferencia superó los 3,9 millones de sufragios según el conteo del 99,79 por ciento. El resultado confirma que el líder del Partido de los Trabajadores regresa por tercera vez al cargo más alto del país.
El ahora reelegido mandatario construyó su camino desde el sindicato de metalúrgicos, donde lideró huelgas contra la dictadura militar en los años setenta. Fundó el PT en 1980 junto a obreros e intelectuales y perdió tres elecciones presidenciales antes de ganar en 2002. Durante sus primeros mandatos impulsó programas como Bolsa Família que ampliaron el acceso a la educación y la electricidad en hogares pobres.
Tras pasar por la cárcel entre 2018 y 2019 por causas de corrupción vinculadas a Lava Jato, el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas al detectar irregularidades del juez Sergio Moro. Esa decisión le devolvió los derechos políticos y le permitió presentarse de nuevo. En 2022 superó a Jair Bolsonaro y ahora repite el triunfo frente a su hijo senador.
Flávio Bolsonaro, nacido en 1981 y con experiencia como diputado estatal y senador, representaba la continuidad del proyecto conservador de su padre. La contienda dejó en evidencia dos visiones opuestas sobre el tamaño del Estado, la seguridad y las políticas sociales. El resultado prolonga la rivalidad entre el PT y la familia Bolsonaro en el escenario nacional.
El regreso de Lula al Planalto, con su origen humilde y su pasado sindical intacto, genera reacciones mixtas en los mercados brasileños que anticipan turbulencias. El nuevo mandato se centrará otra vez en reducir la desigualdad mientras el país observa cómo un tornero mecánico sigue mandando en el palacio presidencial. Al final, parece que ni la cárcel ni la familia Bolsonaro logran jubilar al veterano de las urnas.




