La capital del país decidió que el parto ya no será una película dirigida por el médico de turno sin que la protagonista tenga voz ni voto. La diputada Jannete Guerrero Maya del PT presentó dos iniciativas que buscan meter orden en las salas de obstetricia y reconocer la violencia obstétrica como lo que es: un problema que afecta a una de cada tres mujeres o personas gestantes.
Las propuestas modifican la Ley de Salud local y la Ley General de Salud. Entre los cambios destaca la obligación de elaborar un Plan de Parto donde la paciente anote sus preferencias, necesidades y decisiones antes de entrar en labor. Ese documento se integrará al expediente clínico y solo podrá modificarse con consentimiento informado cuando haya razones médicas que lo justifiquen. La idea es que nadie reciba gritos, regaños, posiciones incómodas ni explicaciones en clave de jeroglífico egipcio.
El proyecto también plantea que los servicios de salud ofrezcan atención psicológica y acompañamiento durante el embarazo, el parto y el puerperio. Guerrero Maya recordó que en la Ciudad de México el 30.5 por ciento de los reportes de violencia y maltrato ocurren precisamente en ese momento. El objetivo es que decidir sobre el cuerpo incluya también decidir cómo, dónde y con quién parir, siempre que las condiciones clínicas lo permitan.
Al final, la iniciativa no pretende que los médicos dejen de atender emergencias, sino que las decisiones se expliquen y se compartan. La Mesa Directiva ya turnó las propuestas a la Comisión de Salud, donde comenzará el análisis. Mientras tanto, el debate ya puso sobre la mesa que el respeto durante el alumbramiento no debería ser opcional ni depender de la suerte del día.




