Macron despliega setenta mil policías contra chalecos con katanas y bolas de petanca

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Francia ha decidido que las manifestaciones de chalecos amarillos, estudiantes y sindicatos necesitan más espectáculo que una final de la Champions. El gobierno de Macron sacó a 70.000 agentes, blindados, helicópteros y drones como si estuviera preparando la invasión de Normandía versión 2024. El ministro del Interior lo dejó claro: “seremos intransigentes”. Traducción: “vamos a gasear a todo el que se acerque con una bola de petanca”.

Los antidisturbios ya empezaron a disparar gases lacrimógenos en Lyon y otras ciudades para evitar que 150 personas bloqueasen el tráfico. Porque nada dice “orden público” como convertir una rotonda en un campo de batalla con morteros pirotécnicos y katanas. Sí, katanas. Al parecer algunos manifestantes decidieron que la revolución se hace más épica si pareces samurái de barrio.

En Limoges, dos detenidos por quemar el ayuntamiento ya están en prisión preventiva. Uno de 34 años y otro de 66. Entre los dos suman un siglo de edad y un expediente que incluye intento de homicidio a un policía. El edificio histórico de 1883 quedó hecho un desastre, pero al menos ahora tiene más carácter que antes del incendio.

Los chalecos amarillos, mientras tanto, ya han convocado otra manifestación para el 31 de octubre. Quieren protestar por el derecho a protestar y por todas las libertades públicas. Es decir, quieren volver a la Bastilla aunque la policía les haya cambiado la ruta a las afueras, como quien manda a los invitados a la boda al aparcamiento de atrás.

En Orleans, once mil personas salieron a gritar “Macron dimisión, Le Pen prisión” y a cantar la Marsellesa con acento español. Todo muy pacífico y festivo, hasta que alguien recordó que al día siguiente Marine Le Pen iba a lanzar su candidatura. Entonces la fiesta se convirtió en ensayo general de las próximas elecciones.

Comerciantes cerrando comercios con tablones, museos cerrados y el Louvre vacío. Francia parece un país que ha decidido tomarse el fin de semana libre… pero con toques de queda y 135 detenidos hasta media mañana. El balance, según el ministro, “está lejos de ser definitivo”. Como la cuenta del bar después de una noche de ultraizquierda, anarquistas y oportunistas de los suburbios.

Al final, todo sigue igual: gases, arrestos, katanas incautadas y un Macron que promete firmeza mientras los chalecos amarillos ya están preparando la próxima sentada frente al Parlamento. Porque en Francia, cuando las cosas se ponen feas, siempre hay alguien dispuesto a salir con una bola de acero y cara de no haber roto un plato… ni aunque lo haya hecho.

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