En el debate de TV Globo, Lula sacó a relucir la Argentina de Milei como si fuera un fantasma que acecha las promesas de recortes. Acusó a Flávio de querer copiar la motosierra del argentino para ajustar salarios y jubilaciones por encima de la inflación. El presidente brasileño recordó que en el país vecino la pobreza ya toca el cuarenta por ciento y hasta mencionó el consumo de carne de burro como advertencia.
Flávio no se quedó callado y defendió a Milei con cifras propias. Recordó que el argentino recibió una inflación del doscientos once por ciento y tasas de interés del cien por ciento tras veinte años de gobiernos de izquierda. Según el senador, la culpa es de quienes gobernaron antes y prometió hacer el mismo trabajo en Brasil sin tocar el Banco do Brasil ni Petrobras.
La deuda pública también sirvió de excusa para volver a la Argentina. Lula cuestionó la autonomía del Banco Central y Flávio respondió que esa medida evita que un presidente baje las tasas de un plumazo, como ocurrió con el kirchnerismo. El senador advirtió que Brasil podía terminar con la misma inflación descontrolada si seguía el camino de Cristina y Alberto Fernández.
El Sistema Único de Salud entró en la discusión cuando Lula preguntó si las mejoras llegarían con la motosierra. Flávio contestó que los recortes irían contra la corrupción y la burocracia, no contra la salud. El ejemplo argentino servía para ambos como advertencia sobre lo que podría pasar si uno u otro ganaba.
Al final, la Argentina quedó como el comodín perfecto para hablar de gasto público sin tocar otros temas como el Mercosur o China. Lula y Flávio usaron el país vecino para asustar al electorado con recortes o con deudas, mientras el público brasileño se preguntaba si la motosierra de Milei cortaría en serio o solo haría ruido en la tele.




