En un evento que sacudió los cimientos de la lógica, Donald Trump quedó perplejo al descubrir que Claudia Sheinbaum tuvo vida antes de ser presidenta. Durante un mitin en Clemson, Carolina del Sur, el magnate cuestionó cómo una exbailarina de ballet pudo gobernar, como si la gente eligiera una sola habilidad al nacer y se quedara con ella para siempre.
“¿Cómo diablos ocurrió eso?”, preguntó Trump, visiblemente confundido, como un niño que no entiende por qué el sol se oculta. Para adornar su desconcierto, relató una supuesta llamada con Sheinbaum sobre su brillante idea de renombrar el Golfo de México como “Golfo de América”. Según su fantasiosa anécdota, la presidenta le pidió reconsiderar, pero él se mantuvo firme, a pesar de que el nombre sigue siendo el mismo a nivel mundial. Al parecer, en su universo alterno, las llamadas imaginarias tienen consecuencias reales.
Mientras tanto, en la realidad, la presidenta ha explicado en múltiples ocasiones que el ballet le enseñó disciplina y constancia, cualidades que complementaron su formación como física en la UNAM. Aparentemente, la capacidad de combinar arte, ciencia y política es un concepto alienígena para quien construyó su carrera sobre programas de televisión. La mandataria, por su parte, se ha mantenido enfocada en sus labores, sin dedicar tiempo a dramas de reality show de bajo presupuesto.
Expertos en desarrollo humano aún intentan descifrar el misterio que tanto atormenta a Trump. Mientras tanto, el resto del planeta continúa operando bajo la radical idea de que las personas pueden aprender a hacer más de una cosa en la vida. Un concepto revolucionario que quizá llegue a la política estadounidense algún día.




