En un acto de osadía que no se veía desde que alguien decidió ponerle piña a la pizza, llega la comedia romántica *Amarte*, una cinta que propone algo terrorífico: ser honestos. Dirigida por Roberto Girault, la película nos recuerda que responder “bien” cuando por dentro te está llevando el tren es nuestro deporte nacional.
Protagonizada por Cassandra Sánchez-Navarro y José María de Tavira, la historia se aleja del clásico cuento de hadas para meterse en terrenos pantanosos como la salud mental y la revolucionaria idea de mostrarse sin máscaras. Según De Tavira, todos nos inventamos un personaje para sobrevivir, como cuando finges que entendiste la trama de una película de arte. Sánchez-Navarro, por su parte, confirma que se necesita más valentía para dejar un lugar incómodo que para armar un mueble sueco sin instructivo. La película plantea un dilema filosófico profundo: ¿qué es más peligroso, vivir en un mundo de fantasía o en una realidad donde el aguacate sube de precio cada semana? Para sus creadores, el filme es una invitación a explorar si la locura es no aceptar la realidad o aceptar que pagamos por un café que podríamos hacer en casa.
Así, *Amarte* nos invita a conectar con otros de forma vulnerable, un concepto tan ajeno para muchos como leer los términos y condiciones. La película sugiere que mostrarse tal cual uno es puede ser un acto de amor, aunque también la receta perfecta para no volver a tener una segunda cita.




