El último boletín de calificaciones de Barclays llegó con una sorpresa digna de telenovela: mientras una parte de la clase se mataba estudiando y sacaba diez, la otra se dedicaba a dibujar en el cuaderno y reprobaba con ganas. Los operadores de renta variable, esos genios de las acciones, vieron sus ingresos dispararse un 47%, salvando el trimestre de ser un completo desastre y evitando que el jefe los pusiera a todos a vender chicles en los semáforos.
Estos héroes anónimos generaron la módica suma de 1,010 millones de libras esterlinas, su mejor resultado desde que los dinosaurios caminaban por la Tierra, o bueno, desde 2009. ¿Su secreto? Invirtieron en su servicio de “prime brokerage”, que básicamente consiste en ser el mayordomo, psicólogo y mejor amigo con beneficios de los fondos de cobertura. Les consiguen lo que sea, desde financiación hasta un café con poca espuma, y les cobran una millonada por ello.
Pero en el otro rincón del cuadrilátero, el equipo de renta fija tuvo la misma puntería que un borracho jugando a los dardos. Sus ingresos cayeron un 19% y, en una de esas ironías cósmicas que tanto nos gustan, terminaron con los mismos 1,010 millones de libras que sus colegas exitosos. Culparon a la subida de las tasas de interés, la excusa financiera equivalente a «el perro se comió mi tarea», un problema que también arrastró a otros gigantes como JPMorgan y Goldman Sachs.
A pesar de que el banco de inversión en su conjunto falló por un pelito en cumplir las expectativas, el director general, CS Venkatakrishnan, salió con el pecho inflado a decir que todo va según el plan. Con una confianza que ya quisiera tener uno al subirse a la báscula después de las fiestas, aseguró que están en camino de alcanzar todos sus objetivos. Es la clase de optimismo que uno despliega justo antes de que llegue el estado de cuenta de la tarjeta de crédito.
Para rematar el cuadro, el negocio minorista del banco en el Reino Unido se mantuvo a flote, pero ahora enfrenta una nueva amenaza. El gobierno británico anda con ganas de meterles un impuestazo a sus ganancias para financiar ayudas sociales. Así que, después de toda la maroma para sacar el trimestre adelante, el premio podría ser tener que compartir el pastel con el fisco, que siempre llega a la fiesta sin ser invitado, pero es el primero en servirse.




