Se arma el «destape» en Brasil: Bolsonaro reta a Lula a un duelo de extractos bancarios

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En la recta final de una campaña electoral más tensa que cuerda de funambulista, la política brasileña se ha convertido en un episodio de patio de colegio. Flávio Bolsonaro, en un giro dramático digno de telenovela, ha dicho que mostrará sus cuentas bancarias, secretos fiscales y hasta la lista de llamadas a su tía para pedir la receta de la feijoada. Pero, ¡ojo!, solo lo hará si Luiz Inácio Lula da Silva hace lo mismo, y no desde ayer, sino desde que los dinosaurios caminaban por el Planalto. Es el clásico «yo te enseño la mía si tú me enseñas la tuya», pero con implicaciones legales y menos gracia.

La propuesta de Bolsonaro es un órdago en toda regla: él abre veinte años de su vida financiera, incluyendo las huchas de sus familiares, mientras acusa a Lula de querer mostrar solo el último capítulo. «Brasil quiere ver todo el cajón, no solo el calcetín que está encima», claman sus abogados, que además exigen los registros de visitas a palacio, los planes de vuelo de los aviones presidenciales y hasta los tiques de la compra pagados con tarjetas corporativas. Sospechan que el verdadero «tesoro» no está en las cuentas de Lula, sino repartido entre terceros, como si fuera un amigo invisible con dinero público.

Este desafío, que parece sacado de un concurso de televisión, surgió en un debate donde ambos se miraban con más recelo que dos suegras en Nochebuena. Lula lanzó el guante, Bolsonaro lo recogió con ironía y ahora estamos en un punto muerto en el que nadie enseña nada hasta que el otro lo haga primero. Ante sus seguidores, Bolsonaro se pavoneaba diciendo que su vida «es un libro abierto», probablemente de contabilidad creativa, y aprovechó para recordarle a Lula su paso por la cárcel, un tema más recurrente que el ajo en la cocina mediterránea.

Para rematar el culebrón, la Corte Suprema también está metida en el fango. Bolsonaro acusa a Lula de tener al juez Alexandre de Moraes en el bolsillo, a pesar de que fue nombrado por otro presidente. Mientras tanto, la policía investiga unos mensajitos entre un banquero y el propio juez, cuya esposa, casualmente, tenía un contrato con el banco del remitente. ¡Vaya, vaya! Y para añadir más leña al fuego, se supo que Flávio Bolsonaro le pidió a ese mismo banquero unos milloncitos para financiar una película sobre su padre. Un proyecto que, según él, era totalmente privado, como pedirle a un amigo que te preste dinero para hacerte una estatua en el salón. Así las cosas, el próximo domingo los brasileños no solo eligen presidente, sino también qué circo prefieren ver los próximos cuatro años.

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