Aprueban plan fiscal que perdona a los ricos y endeuda hasta al perico

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En una sesión que seguramente olía a café rancio y decisiones apresuradas, los senadores en comisiones dieron luz verde al paquete de ingresos para 2027. Este brillante plan maestro, aplaudido por unos y abucheado por otros, parece sacado de un manual de cómo hacer las cosas al revés. La propuesta es tan audaz que básicamente le da una palmadita en la espalda a los grandes deudores mientras busca hasta el último centavo en los bolsillos del ciudadano de a pie.

La joya de la corona de esta genialidad es perdonar al 100% las multas y recargos a los morosos fiscales, sin importar si deben lo de una tanda o lo de un equipo de fútbol. Originalmente, había un límite para que los mega ricos no se colaran a la fiesta del perdón, pero en un giro dramático, ese tope desapareció. Es la versión gubernamental de «al que paga puntual, le cobramos más; al que debe millones, un abrazo y borrón y cuenta nueva».

Pero la creatividad no se detiene ahí. Si eres turista y planeas visitar el país, prepárate para cooperar más, pues el derecho para visitantes extranjeros subirá de $983 a $1,158 pesos. Lo cómico es que ese dinero extra no irá a mejorar los destinos turísticos, sino directamente a las arcas de las Fuerzas Armadas. A la par, los trámites de salud ante la Cofepris también se encarecen, castigando a quienes buscan en el sector privado lo que el público no les da.

El plato fuerte, sin embargo, es el endeudamiento estratosférico que se avecina. El gobierno pedirá prestados 1.7 billones de pesos, una cifra con tantos ceros que marea. Lo más absurdo es que, de ese dineral, 1.6 billones se usarán únicamente para pagar los intereses de la deuda que ya teníamos. Es como sacar una nueva tarjeta de crédito para pagar el mínimo de las otras diez que ya debes hasta el tope.

Los opositores, con cara de haber visto un fantasma, advierten que la deuda pública alcanzará un histórico 55% del Producto Interno Bruto, acercándonos peligrosamente al abismo de perder el grado de inversión. Según un senador, en los últimos siete años se ha contratado más deuda que en los 200 años de historia del México independiente. Una hazaña digna de un récord, aunque no del tipo que quieres presumir en las reuniones familiares.

Mientras el gobierno insiste en que todo esto es para tener “certeza jurídica” y fortalecer las finanzas, el plan huele a una fiesta pagada con la tarjeta de crédito de nuestros nietos. Así que mientras los grandes evasores duermen tranquilos y el país pide prestado para pagar lo prestado, adivina a quién le tocará, como siempre, pagar la cuenta final de este desastre anunciado.

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